Bruselas, la capital de Bélgica, es la ciudad perfecta para hacer una escapada breve de fin de semana. En este post te voy a contar qué se puede ver en Bruselas si dispones de 24 horas nada más, como fue nuestro caso. Bruselas no es muy grande, y su casco histórico es pequeño y compacto, por lo que se puede ver perfectamente en un día (salvo que quieras entrar en museos, que requerirás de más tiempo).

Visitar Bruselas en un día

En nuestro caso, dedicamos solo 24 horas a ver Bruselas porque vimos una oferta de Ryanair para viajar a la capital de Bélgica un fin de semana. Salíamos el sábado a las 7.20 y llegábamos allí a las 9.40 y regresábamos el domingo a las 9.25 con llegada a Madrid a las 11.45 horas.

No era mucho tiempo lo que pasaríamos en Bruselas pero el precio del billete bien merecía hacer esa miniescapada. Y es que tan solo costaban 20 euros ida y vuelta cada uno. Por 40 euros, bien merecía la pena escaparnos solo esas horas.

Cómo llegar a Bruselas desde Charleroi

Ryanair en realidad no vuela directamente a Bruselas, sino a Charleroi, una ciudad que está a unos 50 kilómetros de la capital. Como ocurre con otros destinos a los que vuela Ryanair, al salir del aeropuerto, hay un servicio de autobuses que cada media hora parte hacia Bruselas y que tarda unos 45 minutos en hacer el recorrido.

En este caso, los billetes del autobús cuestan más que los del avión. Dos billetes ida y vuelta nos costaron 44 euros. El autobús te deja en la Gare de Midi. Desde allí ya te puedes mover en metro o en tranvía por la ciudad.

Dónde alojarse

Nos alojamos en el NH Brussels City Centre, que está muy próximo a la estación de Metro de Louise. Es un hotel de 4 estrellas. Cogimos este hotel porque pillamos una oferta de 60 euros por habitación y noche con desayuno incluido.

Tras registrarnos y dejar las maletas, salimos a descubrir la ciudad. No había tiempo que perder y a lo tonto a lo tonto, ya eran las 12.30 horas. Dado que habíamos desayunado muy pronto y que en Europa la gente come pronto, antes de iniciar el paseo, decidimos comer, pero no queríamos perder mucho tiempo, así que comimos en una hamburguesería llamada Quick junto al Metro de Louise, que es muy parecida a nuestro Burguer King.

Al salir, vimos una furgoneta que vendía gofres, muy típicos en Bélgica, y nos tomamos un delicioso gofre (la verdad es que están mejores que en España). Luego vimos que este tipo de furgonetas proliferan por muchas partes en Bruselas.

El casco histórico

Una vez saciada nuestra hambre, ahora si que era el momento de empezar a patear la capital de Europa. Siguiendo por la avenida de Louise, que es una de las calles más comerciales de la ciudad, llegamos al Palacio de Justicia. Como era sábado no se podía visitar. Pero tengo entendido que entre semana si es posible. Es un bonito edificio del siglo XIX, uno de los más grandes de Europa. Al parecer, es incluso más grande que la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

Place du Grand Sablon
Place du Grand Sablon

Lo mejor de esta zona es el mirador que hay justo al lado desde el que se tiene una panorámica de la ciudad. Junto al mirador, hay un ascensor que te lleva a la parte baja de la ciudad, a la zona de Marolles, muy próximo a donde está el mercado de Puces.

De ahí, fuimos andando a la Place du Grand Sablon. Es una de las plazas más elegantes de la ciudad, donde se encuentran además las tiendas de antigüedades y donde se instala un mercadillo de antigüedades también. En esta plaza se levanta la iglesia de Notre Dame du Sablon, pero estaba cerrada y no pudimos entrar.

Al lado de esta plaza está la Place du Petit Sablon, que es una plaza ajardinada y con estatuillas que representan los gremios del siglo XVI. Seguimos andando por la Rue de la Regence y llegamos hasta la Place Royal.

Por el camino, nos encontramos con varios museos: con el Museo de Arte Antiguo, Museo de Bellas Artes y el Museo de Arte Moderno. En la Place Royal, hay un gran iglesia, que por fuera no parece una iglesia. Se trata de la iglesia de Saint Jacques sur Coundenberg, construida en el siglo XVIII.

Bruselas: Place Royale
Place Royale

Por detrás de la iglesia, se encuentra el Palacio Real. En la actualidad no es la residencia oficial de los reyes belgas, aunque si que lo usan para recepciones. Justo enfrente está el Parque del Cinquantenaire, uno de los espacios verdes más grandes de la ciudad y que cuenta en su interior con varios museos y un arco del Triunfo. Se construyó en el siglo XIX con motivo de la exposición que se hizo para celebrar el cincuentenario de la independencia de Bélgica.

De ahí, nos dirigimos hacia el Mont des Arts. Antes, nos encontramos con un edificio que se llama Old England, un edificio modernista de Art Nouveau, que alberga el Museo de los Instrumentos Musicales.

Bajamos por el Mont des Arts y decidimos hacer un pequeño parón en el camino para tomarnos una cervecita ya que tienen fama las cervezas belga. Nos tomamos una kriek, que es una cerveza con sabor a cereza. Yo que no soy muy cervecera, la verdad es que me encantó ese saborcillo dulzón.

Seguimos en nuestro deambular y fuimos a parar a la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula. La entrada es gratuita. Es una iglesia gótica con doble torre, que en cierto modo me recordó a Notre Dame de Paris. En su interior destaca el púlpito de madera de roble.

Cerveza
Cerveza Krierk

Como eran cerca de las 17.00 horas, decidimos poner rumbo hacia el Atomium, uno de los monumentos más representativos de Bruselas, junto con el niño meón (Manneken Pis), porque cierra a las 18.00 horas.

El Atomium está a las afueras de la ciudad. La entrada cuesta 11 euros. Fue construido con motivo de la exposición universal que se celebró en 1958. Se ha reconvertido en sala de exposiciones. Pero lo mejor no son las exposiciones que pueda albergar, sino las vistas de la ciudad. Está bastante lejos del centro de la ciudad, por lo que es preciso coger el metro. La línea es la 1A y la estación es Heyzel.

Junto al Atomium, se encuentra una especie de parque temático llamado ‘Pequeña Europa‘ que alberga en su interior pequeñas reproducciones de monumentos europeos. Nosotros no entramos, pero desde el Atomium se pueden ver esos pequeños monumentos.

Poco a poco el día iba transcurriendo y aún no habíamos tenido la oportunidad de ver lo más llamativo de Bruselas: la Grand Place. De nuevo cogimos el metro hasta la zona de la Bolsa.

Nos llamó la atención el metro de Bruselas pues es muy fácil colarse sin pagar. Y mira si es fácil que la primera vez que cogimos el metro cuando llegamos a Bruselas para ir al hotel, nos metimos en el andén sin pagar, pero no porque lo hiciéramos aposta, sino porque empezamos a andar por la estación sin saber muy bien por donde tirar y cuando nos dimos cuenta estábamos en el andén.

El metro es bastante más caro que en Madrid. El billete cuesta 1,70 € (año 2010) y antes de bajar al andén tienes que validar el billete en una máquina que hay junto a las escaleras. Sorprendentemente, todo el mundo valida el billete. Y sigo sorprendentemente porque si el acceso fuera tan fácil, en España no pagaba ni dios.

Andando por las callejuelas cercanas a la Grand Place nos topamos con las Galeríes Royal Saint Hubert, un pasaje comercial que me recordó mucho a las Galerías Vittorio Emmanuele de Milán.

En estas galerías había muchas chocolaterías y es que además de por su cerveza y sus gofres, Bélgica es conocida por su chocolate. Dicen que junto al suizo es uno de los mejores del mundo. En las galerías, el chocolate era muy caro. Aun así nosotros compramos un par de tabletas ahí porque eran casi las 19.00 horas y estando en Europa, pensábamos que no encontraríamos ninguna otra chocolatería abierta. Pero estábamos equivocados.

Poco antes de alcanzar la Grand Place, dimos con la chocolatería Leonidas abierta, que es una especie de franquicia porque hay muchas tiendas de esta marca. Aquí el chocolate es donde está mejor de precio.

La Grand Place de Bruselas

Después de todo un día andando sin parar dimos con la Grand Place… ¿Y qué decir de esta plaza? Es realmente espectacular. Para mí, lo mejor de Bruselas y con diferencia. Es enorme y una auténtica maravilla.

En ella está el Ayuntamiento, la Casa del Rey (ahora museo municipal), y otras casas de gremios como la de los carniceros. Es una plaza del siglo XV y es al atardecer cuando más bella se encuentra. Al parecer fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1998, y no es de extrañar.

Grand Place
Grand Place

De allí, fuimos en busca de la Jannaken Pis, que es una la estatua versión femenina del famoso Manneken Pis. Es difícil localizarla porque está en un callejón entre rejas. Está en el Impasse de la Fidelité, un callejón que corta la Rue de Bouchers. Al parecer, esta estatua se hizo por reinvidicación de las feministas. Una vez tomada la foto de la niña meona, decidimos que ya era hora de cenar.

Jannaken Pis
Jannaken Pis

En una calle que corta la Rue de Bouchers y lleva hasta la Grand Place, hay numerosos restaurantes. Y nosotros fuimos a coger el peor. En esa calle hay varios restaurantes con menús que van de los 12 a los 18 euros.

No recuerdo el nombre del restaurante en el que entramos y he perdido el papel donde lo apunté. El precio del menú era de 15 euros. Y digo que era el peor, porque el menú dejaba mucho que desear. Pedimos una ensalada de tomate y mozzarella y croquetas de primero… Pues resultó que la ensalada tenía dos lonchitas de queso y dos lonchitas de tomate… Y el plato de croquetas lo componía una sola croqueta. De segundo nos pedimos mejillones que en Bruselas es plato típico. Este plato estaba mejor que el otro. Y de postre, un minigofre. La bebida no estaba incluida en el precio…. ¡Qué lástima que no recuerde el nombre! Pero estaba a la mitad de esa calle que lleva a la Grand Place.

Al salir de cenar,  volvimos a la Grand Place para buscar al niño meón. El Manneken Pis sorprende no por su belleza, sino por su tamano. Es muy enano. Te esperas encontrar una gran escultura de un niño meando, pero es muy pequeña. Casi diría que es más grande la versión que hay en el Parque Europa de Torrejón. Si no fuera por la cantidad de gente que rodea la escultura, la verdad es que pasaría desapercibida.

Manneken Pis
Manneken Pis

De vuelta al hotel, pasamos una vez más por la Grand Place para verla ya iluminada. Antes de llegar a la plaza, nos topamos con la estatua de Charles Everad. Según cuenta una leyenda, tocar esta estatua da suerte. Así que aunque estaba ya muy manoseada (había gente haciendo cola), no quisimos irnos sin tocarla para comprobar si es verdad la leyenda… De momento no se han cumplido nuestros deseos, pero si se cumplen ya os lo diremos 😉

Tan solo nos faltaba por ver los edificios que albergan las instituciones de la Unión Europea… Pero eran las 22.30 horas y al día siguiente teníamos que madrugar para coger el avión de vuelta. Además, llevábamos desde las 4 de la mañana en pie y ya no podíamos con nuestra alma, por lo que nos dirigimos hacia el hotel.

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