En nuestras primeras horas en Milán, teníamos por objetivo ver las Galerías Vittorio Emmanuelle y los Navigli. Comenzamos primero deambulando con calma por las calles de la capital de la moda y fuimos a ver por fuera la iglesia de Santa María delle Grazie, entramos en las Galerías Vittorio Emmanuele II, pasamos por la Scala y el Duomo y terminamos cenando en la zona de Navigli.

Dos días en Milán

Qué ver el primer día

Es muy posible que hayas oído más de una vez que Milán es una ciudad fea… Yo tanto no diría. Lo que si es cierto es que no se puede decir que sea una ciudad bonita de Italia, pero es que el listón en Italia está muy alto y hay ciudades que son una verdadera preciosidad. Así que si la comparamos con Roma, Venecia o Florencia, evidentemente Milán va a salir muy mal parada.

Pero no quita que sea digna de hacerle una visita. Entre nuestros destinos soñados no se encontraba esta ciudad de la Lombardía, pero Ryanair hizo que la balanza se decantara hacia allí. Y es que por 32 euros ida y vuelta dos personas, no se podía despreciar una ocasión así.

Salvo que seas un amante apasionado de la pintura y quieras visitar sus pinacotecas, Milán se puede ver en un día, día y medio. Si quieres visitar la pinacoteca de Brera o la Ambrosiana o las colecciones que hay en el Castillo Sforzesco, necesitarás pasar más de un día en esta ciudad. Nosotros no somos muy aficionados a la pintura, así que pasamos de ir a estos museos y pudimos ver la ciudad en día y medio.

Sí que nos habría gustado ver el Cenácolo (para los que no sepan qué es, se trata del cuadro de La Última Cena de Leonardo da Vinci), pero no pudo ser. Sacamos los billetes de avión un mes antes y ya entonces entramos en la web http://www.vivaticket.it/ para reservar las entradas, pero ya no quedaba nada para todo el mes de noviembre.

 iglesia de Santa María delle Grazie

iglesia de Santa María delle Grazie

Llegamos a Bérgamo (en realidad Ryanair no vuela a Milán, sino a esta ciudad que está a unos 40 km de  Milán) poco antes de las 15.30 horas del sábado 21 de noviembre. Nada más salir de donde se recogen las maletas, ves varios mostradores de empresas de autobuses que te llevan a Milán a la Stazione Centrale. Algunas te ofrecen 3×2. El precio ronda entre los 8,90 y los 9 euros (año 2009).

Aunque no teníamos claro si volveríamos de Milán directamente al aeropuerto el día de regreso o iríamos primero a Bérgamo cogimos la oferta 3×2 por si acaso. Al salir del aeropuerto está la parada del autobús. Montamos y en unos 50 minutos llegamos a la Stazione Centrale. De ahí, fuimos al hotel que habíamos reservado: Hotel Sempione, que encontramos gracias al foro de Los Viajeros. Tres noches nos costó 189 euros. Es un tres estrellas. Nos gustó mucho, está limpio y bastante cerquita de la Stazione Centrale.

Tras dejar las maletas, pusimos rumbo al Cenácolo. Cogimos el metro en Reppublica hasta Conziliazone. Para ese primer día, decidimos coger el ticket de 24 horas (3 euros) por el que puedes coger todos los transportes que quieras desde que validas el billete hasta 24 horas después. Aunque no teníamos entradas, queríamos intentar ver si había alguna opción de entrar. Pero no, no fue posible. No había nada libre hasta principios de diciembre. Justo al lado se encuentra la iglesia de Santa María delle Grazie.

De ahí, fuimos andando hasta las Galerías Vittorio Emmanuele II, una especie de pasaje comercial, muy mono y elegante, con tiendas caras. Al pasar vimos que había mucha gente haciendo dando vueltas sobre sí mismos en un escudo con un toro que resultó ser el escudo de Turín. No sabíamos muy bien lo que significaba poner el talón en la zona de los huevos del toro y dar vueltas sobre sí mismo, pero terminamos haciéndolo también.

Galerías Vittorio Emmanuele II

Galerías Vittorio Emmanuele II

Atravesamos las galerías y llegamos al teatro de la Scala. Así por fuera la verdad es que no dice mucho. Como ya eran pasadas las 19.00 horas estaba cerrado. Tras hacer las fotos pertinentes, volvimos a atravesar las Galerías para ir a ver el Duomo, que también estaba cerrado.

Después de deambular por las Galerías de Vittorio Emmanuelle II y alredededores, dada la hora que era, decidimos irnos a cenar a la zona de los Navigli. Había leído que en esta zona, entre las 18.00 y las 21.00-21.30 horas, con la bebida que tomes, tienes los aperitivi, una especie de buffet con pasta, pizza o canapés fríos que te puedes servir a tu antojo.

Bien es cierto que la bebida es más cara de lo normal, pero te puedes poner a las botas a comer. Así que al final, sale barato. Esa primera cena de Milán nos salió por 14 euros los dos (año 2009).

Cogimos de nuevo el metro y nos bajamos en Porta Genova. Al principio no sabíamos por donde tirar, pero vimos grupitos de gente joven, y decidimos seguirles porque imaginábamos que irían a la zona de los Navigli y efectivamente así fue. Anduvimos un poco mirando desde fuera los sitios y nos decidimos al final por uno que ponía que el buffet de aperitivi costaba 7 euros (todos rondan entre los 7 y los 10 euros) y que se llamaba algo de la Stazione.

Navigli

Navigli

Qué ver el segundo día

Siempre que vamos de viaje solemos madrugar para que nos cunda el día. Así que poco antes de las 9.00 horas ya estábamos en la calle tras habernos apretado un buen desayuno en el hotel. El día había amanecido y gris y caía una suave llovizna. ¡Vaya suerte la nuestra!

Nos dirigimos al metro y vamos hasta el cuadrilátero de oro. Andando no estaba muy lejos del hotel, como a unos 10 minutillos pero como llovía y aún era válido el billete del día anterior, cogimos el metro y nos bajamos en Montenapoleone.

Al bajar seguía lloviendo un poco. Empezamos a deambular por la Via Montenapoleone que estaba justo en frente del metro. A esas horas todavía no había gente comprando, pero pudimos ver los escaparates relucientes de las tiendas de los diseñadores de moda: que si Jean Paul Gaultier, Dolce&Gabbana, Armani…

Tras recorrer toda esa calle, nos dirigimos andando al Teatro della Scala. Lo que más merece la pena es ver el escenario y el patio de butacas. ¡Es fascinante! También hay un pequeño museo con instrumentos, partituras y ropajes. Y aunque están prohibidas las fotos, con la cámara compacta hice una de estrangis.

Teatro della Scala
Teatro della Scala

Tras recorrer el cuadrilátero de oro y visitar la Scala por dentro, nos dirigimos a uno de los puntos principales de la ciudad: el Duomo. Para ello, atravesamos la Piazza della Scala y las Galerías Vittorio Emmanuele. En las galerías vimos que había mucho mogollón de gente siguiendo a un tipo muy alto. Entonces nos dimos cuenta de que ahí estaba el hombre más alto del mundo que estaba presentando el Libro Guinness de los Records 2010.

El Duomo de Milán y el Castillo Sforzesco

Entrar en el Duomo de Milán es gratis. Al entrar hay un cartel que avisa que la gente no haga fotos, pero al entrar vimos que todo el mundo las hacía. Había una misa, y la parte central estaba cerrada a los turistas con una especie de biombos, pero se podía ver perfectamente por encima. Tras recorrer la catedral, salimos y nos dirigimos a las terrazas. Al salir, a la derecha está la entrada para subir andando, opción que finalmente hicimos. Son 200 y pico escalones y cuesta 5 euros. Al llegar arriba ya apenas llovía, pero había una especie de niebla que evitaba que viéramos unas buenas vistas desde ahí arriba. Pero aun así, nos gustó mucho poder andar por encima del Duomo y ver lo poquito que se podía ver.

De allí nos dirigimos al Castillo Sforzesco que alberga varios museos, entre ellos un museo egipcio. Nosotros no entramos en los museos. Tan solo dimos una vuelta por el recinto, que es gratis, y luego nos dirigimos al Parco Sempione. Afortunadamente ya no llovía, aunque sí que había una especie de neblina y apenas se podía ver el Arco de la Paz que está al otro lado del parque.

El Parco Sempione se veía muy bonito con su colorido otoñal. Cuando llegamos al arco, vimos que no era posible acceder a él porque estaba lleno de andamios. Como ya era cerca de las 13.00 horas, nos dimos la vuelta y decidimos ir al metro para ir a comer a los Navigli. Nos gustó mucho el día anterior y queríamos ver la zona de día.

 Castillo Sforzesco
Castillo Sforzesco

Y al montar en el metro sucedió el incidente más desagradable que nos ha pasado nunca en un viaje. Yo llevaba mi bolso de la cámara delante de mí, en bandolera. Montamos en la estación Cairoli. Nos teníamos que bajar en la siguiente para hacer trasbordo para ir a Porta Genova. Así que decidimos quedarnos de pie junto a la puerta.

En esto que junto a nosotros entró una chica con pinta de ser rumana gitana. Mientras llegábamos a la otra estación, nos pusimos a mirar la guía para decidir que iríamos a ver tras la comida. Entonces noto que algo vibra. Yo pensaba que sería el móvil porque había cobertura en la red de metro y me eché la mano al bolsillo donde guardaba el móvil, pero estaba quieto.

Entre tanto, también noté que la chica que estaba junto a nosotros olía fatal, como si hiciera una semana que no se duchaba. Entonces, mareada por el nauseabundo olor que desprendía, decidí dar un paso hacia atrás para separarme de ella y fue entonces cuando vi que tenía el bolso abierto y el monedero donde guardaba además la tarjeta de crédito y el DNI estaba a medio sacar.

Aprovechando que andaba despistada y cubierta con un abrigo encima de su brazo, había conseguido en cuestión de un par de minutos abrir el bolso y medio sacar el monedero para robarme. Entonces nos pusimos a gritar avisando a todos de lo que estaba sucediendo y llegamos a nuestra estación. La chica nos miraba con cara de no haber hecho nada y el resto del vagón como si fuéramos dos turistas locos. Afortunadamente su mal olor fue el que me salvó de que me robara.

Después del incidente llegamos a los Navigli y buscamos donde comer. Finalmente comimos de menú: 20 euritos cada uno por un primer plato de embutido, un segundo con risotto, un postre con tarta de chocolate y un café. Después de comer, pusimos rumbo hacia la iglesia de San Eustorgio.

Navigli
Navigli

Seguimos andando hacia San Lorenzo, una pequeña joya. Es una de las iglesias que más me gustaron. Es muy curiosa porque es redonda. Además, delante de la iglesia hay unas columnas de época romana, aunque no están en la ubicación dónde se encontraron. De ahí seguimos andando y llegamos a San Ambrosio, otra bonita iglesia.

Al salir de ahí, ya había anochecido. Ya apenas quedaban cosas que ver. A partir de ahí, comenzamos a deambular. Volvimos andando a la Piazza del Duomo. Como era todavía pronto para cenar, entramos a dar una vuelta por La Renascenza, un centro comercial muy chip junto al Duomo y las Galerías de Vittorio Emmanuele. Sería algo parecido al Corte Inglés pero mucho más pijo. Estaba hasta arriba de gente comprando.

Cuando salimos ya eran casi las 19.00 horas, así que decidimos ir a buscar donde cenar. Decidimos tirar para el barrio de Brera que es el barrio bohemio de la ciudad. Pasamos por la puerta de la pinacoteca de Brera, pero ya casi era la hora de cierre, por lo que nos pusimos a buscar donde cenar.  En una callecita peatonal junto a la pinacoteca cenamos en una pizzería.

Tras cenar, volvimos al hotel andando. Había un buen camino, pero entre que el billete de 24 horas ya no era válido y que nos apetecía andar para bajar la cena, decidimos hacer la vuelta a pie. Como eran ya pasadas las 21.00 horas, apenas había gente por la calle. Es increíble ver lo pronto que desaparece la vida de las calles en cuanto se sale de España.

Relatos de otros viajeros #postamigos
Calíope: DIARIO ESCAPADA A LA LOMBARDÍA, 2-6 diciembre 2011

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