China ha sido el destino de nuestro gran viaje de verano. Nos decidimos por este país para aprovechar la exención de visado que hay hasta el próximo 31 de diciembre de 2025 para estancias de no más de 30 días. Como siempre, por estas fechas, toca hacer balance y relatar las primeras impresiones de un viaje de un mes por el gigante asiático.
La verdad es que tengo sentimientos encontrados con este país, que, por un lado, me ha parecido que es espectacular, pero, por otra parte, me ha parecido un destino difícil y tremendamente agotador.
Contenidos del post
Me ha encantado
- Las ciudades de Chongqing, Shanghai y Chengdú
Chongqing, la ciudad más viral de China, ha sido todo un descubrimiento y los casi dos días y medios nos han parecido poco tiempo para todo lo que tiene. De buena gana, nos habríamos quedado más.

- Visitar los arrozales de Longsheng
Ha sido la zona en la que más tranquilos hemos estado y donde menos calor hemos pasado con diferencia. Fue un bendito respiro en la intensa China. Apenas había turismo, y las temperaturas eran muy agradables.
- Recorrer la zona entre Guilin y Yangshuo
La zona entre Guilin y Yangshuo es preciosa. Nos han fascinado los paisajes que hay por allí. El paseo en barco por el río Li y los miradores que hay son muy bonitos, y de buena gana me habría quedado más días disfrutando de esa zona, en la que, aunque había turismo, no nos ha parecido tan masificado en comparación con otras partes del país.

Me ha sorprendido
- La masificación turística
De todos es sabido que China es uno de los países más poblados, así que no es de extrañar que en China haya muchos chinos…, pero lo que nos ha sorprendido es que hacen muchísimo turismo, que se mueven en grupos guiados (y hay cientos de grupos en todas partes), y que en julio, las atracciones turísticas del país están tremendamente masificadas.
Eso ha hecho que en muchos sitios hayamos sufrido colas infernales, pero infernales en todos los sentidos. Para entrar en la plaza de Tianamen, en Pekín, tuvimos que soportar dos horas de cola. Para ver los Guerreros de Terracota de Xi’an, casi tuvimos que hacerlo a codazos para hacernos un sitio junto a la valla…

- Sus costumbres
Tienen costumbres muy peculiares, como el ir tan tapados para no ponerse morenos, que a algunos solo se les ve los ojos, casi parecen listos para ir a atracar un banco, jijii
También nos llamó la atención que se podían quedar dormidos en cualquier parte. Desde un restaurante de comida rápida hasta un banco en la Ciudad Prohibida.
Les encanta vestir los trajes tradicionales y hacerse fotos, en la mayoría de los casos, con fotógrafos profesionales.
- El vivir en Gran Hermano las 24 horas
En China hay miles de cámaras por todas partes. Tan solo se libran el interior de los servicios públicos. No hay nada que no quedé registrado por una cámara. Incluso hay un montón de cámaras en el interior de los taxis.
- La limpieza
Es un país tremendamente limpio. Nos ha sorprendido la limpieza de sus calles y sus ciudades. Siempre hay mucha gente trabajando en la limpieza viaria. Incluso la mayoría de los baños públicos están bastante limpios (siempre hay excepciones, pero lo general, predominaba la limpieza.

- El sentirse famoso
En China, los occidentales llamamos la atención, y suelen hacerte fotos, como si fueras un mono de feria, o bien pedirte hacerse fotos contigo como si fueras famoso.
No me ha gustado
- El calor tremendo que hace en julio
Si no soportas bien el calor, no vayas en verano. En julio hace un calor tremendísimo, con altas temperaturas, unida a la enorme humedad que hay, hace que la sensación térmica sea incluso mayor. No hemos pasado más calor en nuestras vidas, ni cuando estuvimos en Dubai y Abu Dhabi hace unos años en un mes de julio.
- Los chinos no guardan ningún tipo de distancia personal
Los chinos desconocen que es mantener cierta distancia personal. Allí no se respeta ese mínimo de distancia entre personas, lo que hace que si estás en una cola, y tú sí que dejas esa distancia con el de delante, en ese hueco se te meten tres chinos. Así que al final terminas haciendo colas como ellos, todos bien juntitos y apretaditos.

Tal vez por esa manía de no guardar distancia, se cuelan sin miramientos delante de cualquiera, no solo de los occidentales, también entre ellos… Y el colarse para nada está mal visto. De hecho, no vimos a nadie protestar porque alguien se le colara, que sería lo habitual en cualquier otra parte del mundo.
- Las dificultades para comunicarse
Muy, muy poca gente habla inglés… ni siquiera en las recepciones de los hoteles hablan en inglés. En sitios turísticos, faltan también carteles explicativos en inglés de lo que estás viendo. La comunicación es imposible, salvo mediante traductor, y muchas veces el traductor traducía de aquella manera. El no poder comunicar puede resultar muy frustrante.
- Las lluvias torrenciales
El verano es temporada de lluvias y nosotros tuvimos la mala suerte de que nos lloviera justo en momentos claves, fastidiando así algunos planes. Nos llovió en la Muralla China, en Fenghuang y en la Montaña de Tianmen, tres momentos en los que nos venía mal que lloviera.
Me ha decepcionado
- Pekín
Es la ciudad más agobiante que he conocido. Hay controles de seguridad por todas partes y en algunos puntos ya rozan lo excesivo, como para acceder a la plaza de Tianamen, donde sufrimos dos horas de cola para poder entrar en la plaza.

- Fenghuang
Había leído que es uno de los pueblos más bonitos de China, y tenía muchas ganas de visitarlo, pero nos estuvo lloviendo gran parte del día, restándole encanto al pueblo, cuyo río estaba a punto de desbordarse. Eso unido a la cantidad de gente que había, me dio la sensación de parque temático.



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